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sábado, 23 de julio de 2011

El Romance del Francisco y La Aniceta

Ya de chico, Francisco estaba convencido de que se iba a casar joven. Él soñaba con una esposa amante y fiel, muchos hijos y una casa grande con jardín y pileta. Era el menor de cuatro hermanos y su familia se completaba con los padres y una tía solterona. Ese era su ideal de familia.

Por eso, cuando conoció a Cachi, supo que iba a ser su esposa. Los dos cursaban sus respectivos penúltimos años de la secundaria, pero Francisco le llevaba dos años: iba al industrial y había repetido un año. Se conocieron en el club del barrio, aunque ninguno de los dos vivía en ese barrio.

Los primeros escarceos amorosos no tardaron en llevarlos a la cama. Francisco fue la primera vez para Cachi y Cachi la primera de Francisco. A pesar de la inexperiencia, no tardaron en alcanzar un buen ritmo, una perfecta armonización.

Hacía poco más de un año que estaban saliendo cuando algo entre ellos se rompió... y Cachi quedó embarazada. Para Francisco era la oportunidad de casarse joven. Cachi tenía otros planes. Francisco puso la plata y se quedó solo.

Le costó salir adelante. Terminó a los tumbos la secundaria y entró a Derecho, algo raro para un técnico mecánico. Como era de esperar, no tardó en abandonar la carrera.

Poco a poco retomó la vida social y fue conociendo chicas. Todas, en su momento, fueron el amor de su vida y con todas soñó con casarse desde el primer día. Hasta que llegó aquel llamado a Sebastián. Francisco había estado dos meses antes cenando en la casa de Sebastián y Ángela, y había llevado a Anabella, el amor de su vida de ese entonces.

-         Sebastián, ¿estás sentado? ¡Me caso el mes que viene!
-         ¡Qué bien! Con Anabella...
-         No, con Aniceta.
-         ¡¿Y quién es Aniceta?!
-         ¡Mi novia! Hace dos semanas que salimos.

Sebastián pensó que la historia volvía a repetirse, pero la iglesia San José de Flores fue testigo de cómo, a fines de ese año, Francisco y Aniceta daban el sí.

Como toda pareja recién casada atravesaron algunas crisis, tanto amorosas como económicas. Pero salieron adelante. No tardó en llegar Pedro, el primogénito, y un par de años más tarde, Agustina.

Las cosas iban mejorando y pudieron construir su casita en las afueras de Buenos Aires. Con jardín y pileta, como Francisco siempre había soñado. Y cuando no lo esperaban, llegó Federico. Para Francisco se cerraba un círculo.

Su trabajo lo llevaba frecuentemente a pasar tres o cuatro días en el interior. Y esa era la oportunidad para ser infiel. Aniceta parecía no enterarse, pero su esposo la engañaba bastante seguido. Además, cada vez que podía, se encontraba con Cachi. Cachi también estaba casada y tenía tres hijos. Pero necesitaba a Francisco. Más de una vez, luego de hacer el amor con su marido, lo llamaba a Francisco para que calmara su insatisfacción.

Quizá fue la temprana concreción de sus sueños, quizá la facilidad con que conseguía mujeres, sin olvidar que Aniceta siempre estuvo dispuesta a cumplir sus fantasías, pero a Francisco le faltaba algo. Y se propuso conseguirlo.

Habló con Aniceta. Él la amaba con todo su corazón. Estaba contento de haberse casado con ella y que fuera la madre de sus hijos. Estaba muy satisfecho con lo que hacían en la cama. Pero ahora quería incorporar a un tercero al dormitorio. Y para que Aniceta no dudara de sus reales intenciones, le ofreció que la primera persona fuera un varón.

Para sorpresa de Francisco, Aniceta no dudó un segundo y estuvo plenamente de acuerdo. Charlaron sobre quién sería el elegido y ambos coincidieron en hablar con Filomeno, ese vecino que cada tanto se acercaba a tomar mate con ellos y, a veces, se quedaba a cenar. Tenían mucho en común con él y les pareció que esa afinidad también se iba a expresar en la cama.

Filomeno primero los miró asombrado. No atinaba a decir palabra. La miraba, sobre todo, a Aniceta, dudando si ella actuaba convencida o estaba presionada por Francisco. Su sonrisa disipó las dudas.

Superaron la primera vez de a tres con total convicción. Los encuentros se sucedieron, al tiempo que Francisco y Aniceta comenzaron a frecuentar lugares para swingers. Francisco ya podía considerarse pleno. Pero llegaría una noche que los marcaría a los tres.

Con Filomeno tuvieron una de las noches más fogosas desde que habían instalado el menage a trois en el dormitorio. Hicieron de todo y Aniceta se portó como una esclava sumisa. Cansado y transpirado, Francisco fue al baño para darse una ducha. Pero algo lo inquietaba. Abrió el agua y la dejó correr sin meterse. Aguardó unos minutos y luego volvió sigilosamente al dormitorio. Ahí los encontró, unidos frenéticamente, con una pasión que jamás habían demostrado en su presencia. Si bien la escena lo excitaba, su furia fue superior y no dudó en interrumpir a los gritos. Aniceta y Filomeno se lo quedaron mirando con los ojos bien abiertos. Había llegado la hora de las confesiones.

Aniceta y Filomeno eran amantes desde mucho antes que Francisco hiciera su propuesta. Cada vez que Francisco viajaba al interior, ellos aprovechaban para sus furtivos encuentros. Y hasta habían planeado tener juntos un hijo. No solo lo planearon. Esa noche Francisco también se enteró de que Agustina no era hija suya.

Francisco y Aniceta se divorciaron. Él se quedó con Federico. Solo. Muy solo. Se encontró con Cachi, y no funcionó. Fue al médico pero tras varios estudios, le dijo que lo de él estaba dentro de su cabeza. Intentó suicidarse, pero los hijos lo salvaron. Y sigue solo...

8 comentarios:

  1. Sólo se me ocurre una reflexión: "Cuando dos no alcanzan, tres son demasiado".

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  2. Brillante reflexión, Sheller. Como de costumbre.

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  3. Hay casos en los que se creer saber los que se quier (¡pero no se sabe nada!) Pobre Francisco, se quedó sin el pan y sin la torta. ¿Y a Aniceta le fue bien?

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  4. Ni idea, espero que el autor de la entrada me responda y así puedo responderte a vos.
    Besos

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  5. Yo también espero ansioso. Ojalá haya continuación con el después de ella. ¿Se fue a vivir con Filomeno? ¿Y Agustina? ¿Sabe la verdad?

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  6. Familiarizada te copio a continuación lo que me envió el autor del post en respuesta a tu pregunta. También se sorprendió de que no hayas sido dilapidaria con Franciso.

    "Aniceta no la llevó mejor.

    Cuando nació Agustina, la médica les dijo que no podían tener más hijos. Ellos estaban conformes con dos hijos así que no se hicieron problema. Mejor, podían tener relaciones sin protección. Cuando quedan embarazados de Federico fueron a ver a la médica, divertidos, para hacerle ver su error. La médica, muy seria y preocupada les dijo que la habían entendido mal: ellos no debían tener más hijos. A ella le descubrieron una enfermedad parecida a la esclerosis múltiple, que no tiene cura ni tratamiento sintomático. Lo más conveniente para evitar que la enfermedad avanzara, era abortar, porque el desarrollo hormonal del embarazo la iba a poner peor. Pero ella se negó. Al principio la enfermedad no la afectó mayormente. Solo la pérdida de equilibrio que le impedía caminar bien. En nada influyó, evidentemente en su vida sexual.

    Hoy está postrada en cama. Vive con la hija. Tiene también una señora que la cuida, para que la hija pueda llevar su vida normal. Y, siendo muy católica y creyente, está convencida que su enfermedad es un castigo de Dios por lo que hizo."

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  7. Marietta! Escribí hace unas semanas cuando empece a leerte y no firmé! fuerte la historia... Creo que la infidelidad es mas común de lo que uno cree... igual pienso, que gran contradicción, desde tan joven pensar en casarse para luego ser infiel, cual fue el objetivo? aparentar algo que en realidad no se es?
    Si la historia es real, es bien de telenovela.
    Excelente reflexión Sheller!
    Saludos!! Sol

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