Sábado a la tarde, aburrida en casa, salgo a dar una vuelta con el auto y llego hasta el Jumbo de Palermo a averiguar precios de lavarropas.
No había almorzado y me sorprendieron las 5 de la tarde con un hambre descomunal. En el mini shopping que hay en el predio, diviso un localcito de Havanna y recordé al más querido y deseado, el Havanna de chocolate blanco y nuez.
El mozo me ofrece la promoción de un café grande con alfajor y le pido un café con leche y el famoso alfajor de chocolate blanco y nuez.
Y siempre me pasa lo mismo con este alfajor. La sensación de nostalgia...
El alfajor no es lo que era antaño. El alfajor zafa pero no es como era hace quince años atrás. Y yo sigo insistiendo en "la idea" del alfajor de mis sueños, que ya dejó de serlo.
Me da lo mismo uno de chocolate negro que el de chocolate blanco, porque no tiene nueces y no tiene el dejo de sabor a nuez, que lo hacía TAN diferente a todos y excepcionalmente rico.
Algo parecido me pasó con la re edición de las Kesbun.
Las Kesbun eran LO MAS cuando yo era adolescente y podía no comer una semana para equiparar la ingesta calórica del puto paquetito de Kesbun (pura grasa y queso concentrado)
Hace un año las re editaron y están buenas, pero no tienen NADA QUE VER con las originales. Otro fiasco.
Que si estoy retro? Un poco, pero la idea va a otro lado.
Las re ediciones. Yo, que he sido en mi vida la recicladora de muertos número 1, he llegado a la conclusión de la teoría del alfajor Havanna de chocolate blanco.
Las cosas cuando pasa el tiempo, no son iguales...cambian. Y nos pasa como con el alfajor, o las Kesbun. Nos aferramos al recuerdo de lo que fue, pero re editarlo tiene otro gusto, diferente, y si no soltamos la idea anterior, solo nos provoca frustración. Porque estábamos buscando sentirle el sabor a otra cosa...
Cuando terminé mi alfajor Havanna de chocolate blanco y nuez, me juré a mi misma no volverlo a pedir. Porque mi mente quiere al otro alfajor...y el otro, lamentablemente, ya no se fabrica.
Mañana tenía programado un post reflexivo, sobre algo que estuve pensando, pero dadas las circunstancias en la Republiqueta Bananera no puedo dejar de expresar mi indignación.
Muchos saben mi desprecio (si señoras y señores, es desprecio) por el actual gobierno, su presidentE y todo su entorno.
A los pelotudos que bardean siempre, ni se gasten porque modero comentarios, así que elimino antes que se publiquen y sus comentarios NO ME AFECTAN.
Desprecio porque es gente que desprecia. Desprecia la vida.
Porque la vida vale según el cristal que se la mire, y según quien se muera, por cierto. Así es para la desequilibrada que nos gobierna.
Se murieron según esta noticia 12 gendarmes que volvían de cumplir su trabajo y algunas personas más. En un nefasto accidente que se podía haber evitado.
Y adhiero a la desequilibrada (decirle señora le queda grande) en decretar 3 días de duelo nacional y salir a dar condolencias a sus seres queridos.
Pero hay 51 muertos de la tragedia de Once, que, a causa de la desidia, del amiguismo político, de la corrupción subsidiaria y de las mala gestión del Estado en materia de fiscalizar a las empresas privadas seriamente, que no tuvieron ni media hora de duelo nacional. Ni las familias, amigos y seres queridos de estos 51 muertos tuvieron una palabra de condolencia. Porque estábamos escondidas en el Confín del Universo.
Que 51 personas mueran y otras tantas resulten heridas en una tragedia MUY evitable no amerita palabras, no amerita ningún duelo. Porque esas familias seguro siguieron como si nada sus vidas, son ciudadanos de segunda. Que usan el tren para ir a laburar, que no sabemos ni que hacían de sus vidas ni a quien votaron.
El duelo nacional (que tendría que haberse decretado en ambos casos) es para aquellos que murieron trágicamente en un accidente posterior a defender la tranquilidad por conflictos gremiales.
JUSTO 24 horas antes que el ex aliado de la desequilibrada le pare el país por un conflicto de intereses políticos entre ellos.
Porque la muerte de aquellas personas que fallecieron hoy en el accidente se las puede endilgar al Gobernador de Santa Cruz como ya lo hizo en su discurso y lección de vida cotidiana. Acá le pone el bonete al Gobernador de Santa Cruz.
Pero el último Febrero no le puso nadie el bonete. Ni ella, ni el mausoleo de su difunto marido, ni su Ministro de Transportes, ni el ex ministro de Transportes, ni ningún secretario o funcionario pertinente.
Me da pena, me da asco.
En este país hace rato que hay dos clases de ciudadanos.
Hoy todos aquellos que no defendemos el "modelo" somos kelpers...pero en Argentina!
Hay muchas clases de personas, pero en una infinita gamma de
posibilidades, hay dos extremos opuestos, el “nacido para sufrir”, de los que
he comentado algo en este blog, y los que se toman una dosis extra de optimismo
todas las mañanas, y cuando llegas a las 08 am a la oficina, te dan ganas de
cagarlos a trompadas. No de mala onda, pero hay días que te levantás tarde,
todo sale mal, te agarró un piquete en el microcentro y la alegría ajena
excesiva, rompe los huevos.
Yo creo que me ubico un escalón por debajo del extremo
positivo. Sin llegar a ser “campanita” (tengo unos días que lo mejor que puede
pasar es no cruzarme), soy un ser realmente optimista y feliz.
Hace un año atrás era una piltrafa humana, y me sentía mal
de sentirme una piltrafa humana por una sola razón, cuando tenía miles de otras
razones para ser feliz. Costó volver a centrarme.
Tengo que agradecer a mi familia (que no me rompió las
pelotas y me acompañó), sobre todo a mis sobrinos que lo único que hacen es
darme amor. A mis amigos…que a pesar que opinaron mucho, me cagaron a pedos, me
volvieron a centrar.
A mi ex sicóloga que no quiso volverme a atender, diciendo
que lo que me había pasado, lo tenía que resolver yo sola (y, si con catorce
años de diván y un alta no soy capaz de resolver una ruptura amorosa, habla de
mucha inmadurez de mi parte)
Y entre todas aquellas personas que me ayudaron, hubo
personas “nuevas” que me hicieron ver el vaso mitad lleno, como siempre
acostrumbré verlo.
Un año más tarde me llamé al silencio. Digamos que seis
meses más tarde de mi peor pico depresivo, que fue entre Junio y Julio del
2011, me llamé al silencio. El “silencio” fue sepulcral y no salía una palabra
ni a mi familia, ni a mis amigos, ni a mi sicóloga.
Y ahora me encuentro que mi estado de felicidad, paz con la
vida, y madurez en cuanto a elegir la gente que quiero al lado es causal de
opiniones de “algo te pasa”.
Y todos opinan.
Y no tengo ganas de hablar…
Anoche me fumé unos cuantos “no es normal lo que te pasa y
te digo porque te quiero”.
La gente “normal” busca relaciones normales. Y yo no soy
normal.
Hace seis meses que estoy en una búsqueda y encuentro de mi
misma, que superó ampliamente todas mis expectativas.
Día que pasa, día que me sorprendo de no mandar a mucha
gente a la re concha de su hermana. Porque yo era de la que te mandaba diez
veces por día a la re concha de tu hermana. Y ahora no lo hago.
Ahora cuento hasta diez millones, no hago el comentario irónico
de mierda. Ahora priorizo que mandar a una persona a la mierda conlleva a un
sinfín de mierda que sale después de esa persona, y que no tengo ganas de fumármela.
Y me callo, no de boluda, sino porque no tengo ganas de
escuchar pontificar a nadie más.
Se que mucha gente me quiere. Y les pido encarecidamente a
los que me quieren que me dejen de hostigar a preguntas y que se dejen de
opinar de lo que no saben ni entienden ni pueden entender.
Yo lo único que espero de los que me quieren y quiero es “respeto”.
Respeten mi silencio, respeten mi ostracismo, respeten verme feliz.
Que si me hago mierda una y mil veces ya estoy grande como
para saber levantarme, sacudirme la tierra en la ropa y seguir caminando. Con
muletas, con bastón o rengueando, pero caminando al fin…
El silencio, en este momento de mi vida, es salud mental…
Anoche era una
noche gélida. Yo estaba tranquila en casa, echada en el sillón del living, con
la gata durmiendo al lado mío en el puf. Estaba cubierta con una mañanita
comprada en la feria de artesanía de Salta, y tenía la panza llena de haber
tomado el café con leche con churros de Delicity un tanto tarde…
No pensaba
cenar y estaba haciendo zapping cuando veo una escena en la tele que me sonó
conocida. Dejé ese canal a ver que era y me di cuenta que era una película
pedorra y cómica que había visto
exactamente hace dos inviernos atrás en un hotel en Montevideo con Cerdo, ambos
abrazados dentro de la cama.
Una
película que en su momento me pareció divertida y sin ningún mensaje…
La dejé
porque el recuerdo me sacó una sonrisa, después de todo eso pasa cuando las
heridas cierran, nos acordamos bien de la gente, dejamos las cosas lindas
afuera y las feas las mandamos debajo de
la alfombra para que no nos hagan mal. Pero cuando uno tira tierra debajo de la
alfombra a veces la tierra por un descuido sale.
No la misma
tierra, menos tierra o tierra disfrazada de otra manera.
La película
se llama “Como sobrevivir a mi ex”, como una especie de crónica anunciada.
Se
sobrevive a un ex? Cuantas veces nos
preguntamos eso cuando estamos mal. Obvio que se sobrevive…, el tema no es
sobrevivir al ex. Es “vivir” después del ex.
Y mientras
veía la película y me reía sola, y me daba cuenta que no recordaba muchas
partes de la misma, porque seguramente no la debo haber visto entera, porque
seguro me “distraje” con quien en ese momento estaba conmigo, me dí cuenta que hace
un año era una mujer en ruinas, que el duelo pasó, que estoy parada otra vez
sobre “mis botas marrones nuevas con taco chino” con la cabeza en alto.
Y me largué
a llorar…
Uno se pasa
relaciones enteras esperando escuchar dos palabras…; sin pedirlas. Uno las dice
por que le salen de la boca sin querer y a cambio la depositan en la puerta de
la oficina y se escapan…para empezar “la máquina de hacer cagadas sin parar”.
Y un
invernal viernes, suena tu teléfono sin que lo esperes, y alguien porque si no
te dice dos palabras, te dice tres palabras…y te quedas muda.
Y te volvés
a sentir expuesta y con miedo a volver a sufrir…con un miedo consciente pero no
paralizante…
Y tomás la
balanza imaginaria…y le cargás cada platillo. Y la volvés a mirar con los ojos
mentales, con los del corazón y con los ojos del alma.
La balanza
está casi pareja, levemente inclinada.
Hace un par
de días atrás un amigo me decía “si te hacés mierda feo una vez, ya después no
podés hacerte más mierda…, como que creas inmunidad…”
Será así
nomás? Habrá anticuerpos contra la tristeza y la desilusión? O cada persona en
esta vida viene a enseñarnos algo? Aunque su paso en nuestra vida no sea para
siempre?
“Vivir el
presente”. Algo que toda la vida me costó horrores y que aprendí hace unos años
atrás. Algo que no todos pueden hacer.
Aprender a
tener paciencia. Aprender a querer sin egoísmos personales. Entender al otro en
su conjunto y quererlo tal cual es. Ver sus virtudes y defectos, y aceptarlos
como un combo.
Tal vez
todo lo que haya pasado en mi vida me enseñó a esto.
La
felicidad no es un estado permanente. La felicidad son esos segundos en que pasa algo que no te esperás, que no
hiciste ningún esfuerzo para ganártelo más que ser vos mismo, y te lo
reconocen.
A veces ser
feliz aterra…pero no queda otra que abrir la mochila, ver lo que hay dentro,
recordar para que nos sirvió cada cosa que
llevábamos y entender que de ahora en adelante, la mejor manera de
seguir adelante, es bajarla, dejarla a un costado, y seguir caminando erguida y sin carga.
Porque la
carga nos recuerda que debemos llevar una manta para el frío, comida para el
hambre y agua para la sed.
Y estoy
segura que si caminamos sin carga y tenemos frío, sed y hambre, alguien se
cruzará en nuestra vida para darnos todo lo que necesitamos.
Cuando algo te joda y te alejes porque no tenés ganas de escuchar o leer cosas que te molestan, siempre alguien te va a criticar.
Te va a tratar de poco serio, de pobre tipo.
En los años que llevo vividos, la experiencia me enseñó que si algo me jode, me alejo. Simple as that!
Tengo muchos amigos. Demasiados según los que me conocen. A lo largo de la vida he ido sumando mucho más que restando. Pero restar a veces hace bien. No nos llevamos bien con todo el mundo.
Uno se aleja, callado, sin confrontar y como dicen por ahí, nunca hay poronga que les venga bien.
He sumado muchísima gente a lo largo de este tiempo que fui escribiendo. Gente que me conoció personalmente, gente con la que me he juntado a tomar una cerveza, gente que tiene mi celular y me llama cuando necesita hablar con alguien.
He ganado amigos que tienen edad para ser mis hijos. He ganado amigos mayores. He ganado amigos con importantes diferencias ideológicas pero con los que siempre he hablado desde el respeto y que siempre primó la buena onda.
Muchos me escriben a mi mail, muchos me tienen en sus facebooks.
Y a mi el blog me cambió la vida.
Hace rato que no tengo ganas de escribir. Una, porque desde el anonimato muchos comentaristas entraron a bardear.
Otra porque estoy en una situación personal que no tengo ganas de explicar y contar. Es muy mía.
Pero cuando el blog se convierte en una caza de brujas, un conventillo, y un nido de víboras, es tiempo de tomar un respiro.
Hasta acá llegué.
El mail de contacto sigue siendo el mismo, el que tiene facebook puede comentar por el facebook del blog.
El blog se cierra a comentarios. El blog es un espacio para desahogarme.
Adoré cada comentario de ustedes, cada línea, cada mail, cada opinión.
Hoy estoy harta de la tilinguería. De los caprichos y de las inmadureces.
Lamento que así sea porque este espacio fue mi oasis en el desierto.
A los que me tienen de contacto, los seguiré viendo, a los que me conocen, acá estoy, a los que me quieran escribir el mail está en mi perfil.
A los que se toman el trabajo de leerme y criticarme en otros espacios, les deseo que se compren una vida.
La mía está plena en este momento, y no hay lugar para la mala onda.
Queridos compatriotas: soy una ciudadana común, nacida en
el seno de la tan manoseada “clase media argentina”, que tuvo la suerte de
acceder a una buena educación. Educación de valores morales y de trabajo de mis
padres en mi casa; y tuve la suerte de poder terminar una carrera universitaria
en la universidad pública.
Hace
algunos años el pueblo argentino pidió “que se vayan todos”. Y los que nos
propusieron a cambio fue tan malo o peor.
Mientras a
Aníbal Fernandez toma Vivarachol, yo nunca dejo de tomar Memorex. Porque si hay
algo que no tenemos los argentinos es buena memoria.
No tengo
banderas políticas, nunca me afilié a ningún partido político y nunca me
jugaría por ninguno de los que han pasado desde 1989 (mi primer voto) hasta
ahora. Ninguno, gobierno u oposición, me representó.
Yo les
pido, a los que tenemos la suerte de votar con la cabeza y no con el estómago,
a los que no tenemos la desgracia de tener que votar obligados por un plan a
cambio, que en vez de votar con el bolsillo porque nos podemos comprar el LCD
en 12 cuotas, o votar con el oído porque “el discurso progre garpa” que
investiguemos. Nosotros, que tenemos la posibilidad y la suerte de hacerlo.
Nosotros,
que tenemos la suerte de no estar presos todavía de los manejos políticos
porque podemos todavía pagarnos un
alquiler o tenemos una casa. Porque nuestros hijos se educan, tienen
acceso a la salud y comemos todos los días.
Somos
nosotros los que tenemos que exigirles no solo a los K, sino a todo el plantel
político, que cambien.
A la
oposición que se deje de “divismos” y se ponga a laburar.
Al gobierno
que deje de robar, que cumpla sus promesas y que no tergiverse su discurso.
Conciencia
ciudadana, seamos responsables cuando votamos, averigüemos a quien a votamos,
preguntemos, escuchemos a otros, investiguemos.
Es tu país,
nuestro país, el país de nuestros hijos el que se pone en juego.
No solo el
LCD en 12 cuotas.
MEMORIA!!!
Algo que no
tuvimos ni el 2003, ni en el 2006, ni el año pasado. Aunque yo no los haya
votado nunca…