Las mujeres, a medida que van pasando los años, nos volvemos más "brujas".
Eso de la "vieja bruja" del cuento de hadas, es una metáfora de lo que pasa en la vida cuando la mujer se hace más vieja, deja de confiar en su razón y empieza a confiar más en su intuición, su inteligencia emocional y su experiencia.
En las antiguas tribus, las mujeres eran mas intuitivas que racionales, no había que salir a pelearla en la calle junto a los hombres.
Y en esta New Age, donde hay mucha chanta dando vuelta; nos estamos dando el lujo de volver a nuesta intuición. Y cuando digo lujo, es un lujo; nos quemaron por ser intuitivas; nunca lo olvidemos.
Yo siempre tuve un lado intuitivo fuerte, muy poco laburado de mi parte.
Tenía sueños premonitorios, sensaciones de "acá no" y sensaciones de "pasó una cagada" desde adolescente. A los trece años, una de mis tías, la "bruja"; me enseñó a leer las cartas españolas. Y las veces que las leía, todos me decian que era buena. Siempre tuve la sensación cuando leía las cartas, que no eran solo cartas, eran piezas de un rompecabezas. Y como siempre pude entrever en las personas, aquello que ellos no quieren mostrar; leer las cartas era revelar eso que ocultaban y yo intuía. Mi escorpio natal, 100%.
Luego con los años y la pandemia, aprendí e a leer el tarot de verdad; me compré libros, asistí a cursos y me permití leer a otros. Mis consultantes dicen que soy muy buena. Justo en una etapa de mi vida, donde decidí darle cabida a mi intuición y dejar de justificar con el razonamiento.
Mis amigas del núcleo duro, muchas de ellas profesionales de las ciencias duras, están cada vez más esotéricas. Todas arriba de los cincuenta años. El momento de la madurez, de la sabiduría y de la conexión.
Yo congelo gente que me molesta, para que me deje de molestar, también freezo situaciones y proyectos laborales que me joden las pelotas. Y hasta ahora, siempre me dieron resultado.
Este último enero estaba a las trompadas con una mexicana del proyecto donde estaba asignada. Escalandonos mutuamente con los superiores ambas, y con la relación laboral rotísima.
Habiendo escalado el tema "mexicana" con todo el mundo laboral, la freezé. A las dos semanas, se fue de la compañia a trabajar a otro lado. Creer o reventar.
La mala vibra que me da mi vecina la contrarresté con una ruda, que a los 3 meses de plantada, de un día para otro, se secó. La ruda puesta en la esquina que une ambas casas. Mi amiga, la bruja mayor, me dijo "agradecele a la ruda, porque te protegió".
Mi hermana menor me regaló un San Benito bendecido para proteger la casa, está sobre la puerta de entrada a la casa.
Al último auto lo rociamos de agua bendita de la basilica de Luján, luego de varios choques y roturas de cubiertas en un lapso de menos de un año de haberlo sacado de la concesionaria.
Rituales y amuletos mediantes, nos vamos volviendo cada vez más brujas.
Ayer en la sobremesa de asado de domingo, la hija de mi marido me preguntó por algo que yo sabía que tenía guardado en algún lugar, pero no recordaba donde.
Estuve el resto de la tarde buscando lo que la hija de Alguien me pidió, y en esa desesperación de combatir la demencia senil de mis olvidos; encontré cosas que en las quichicientas mudanzas que tuve de Buenos Aires a acá en los últimos cuatro años; no había registrado que había traído. Cosas que no recordaba haber guardado: las cartas y los e mails impresos del Gordo.
Encontrarlos fue como haber descubierto un libro de magia negra en el paraíso.
Leer las primeras oraciones de cartas y correos electrónicos que sabía de memoria, fue abrir una puerta a una oscuridad espantosa de mi vida, que me dio un terrible rechazo.
Con un brote, busqué a mi marido para preguntarle si ya había limpiado la parrilla, porque necesitaba prender el fuego otra vez. Me dijo que había limpiado todo. Me preguntó que me pasaba, me veía muy alterada.
"No quiero que esto esté bajo el techo de esta casa, son las cartas del gordo hijo de mil putas, psicópata de mierda, que Satán nunca lo suelte del Averno, donde se lo llevó".
Alguien prendío el fuego, tomó las cartas y las quemó. Ver las llamaradas de fuego quemando todo ese pasado de mierda, del que me querría olvidar para siempre; pero que por otro lado, sin el; hoy no tendría las herramientas para apreciar todo lo bueno que me dio la vida; fue realmente catártico.
Que el amor de mi vida prendiera fuego lo último que quedaba en recuerdos materiales, de lo que fue el período más oscuro de mi vida, no tiene precio. Y que me abrazara después, tampoco.
Al rato, mientras Alguien se bañaba encontré el último e mail impreso del Gordo, el último contacto que tuve con el en diciembre de 2007; luego que el intentara ubicarme a través de conocidos en común y que yo les dijera que no le pasaran data mía. El mail donde le digo que yo lo perdonaba, que me perdonara, y que se olvidara de mí. Junto con eso encontré notas de revistas pedorras escritas por la pseudo periodista nunca recibida de su ex mujer. Unas notas de mierda; que las guardé para reirme de la clase de boludas que también le gustaban a este hijo de puta. Otra víctima más (y peor que yo, porque le hizo un hijo), de este terrible narciso de manual. ¿ Que culpa tiene la boluda para que me ría de ella? Ninguna, una pobre mina. Ahí fui a quemar lo que quedaba, la fogata fue más chica, tal vez el odio por lo que quemaba era menor, pero fue hermoso ver al fuego consumir los vestigios de un pasado doloroso que me marcó como el mismo fuego que estaba mirando.
Algún día, cuando tenga tiempo y ganas, escribiré de este personaje nefasto, malo, hijo de un vagón lleno de putas; que le jodió la vida a tantas mujeres.
Por ahora, no me siento tan vieja como para escribir mis memorias.
Dejo este divertido capítulo de Friends donde las chicas hacen el ritual de quema de cosas de "ex" novios.


