Tengo la hoja en blanco adelante de mi cara y sigo shockeada.
No voy a venir a acá a contarle a los pocos que me leían o a hacer una catarsis solitaria, que este es un año de mierda
Te sentas un rato delante de la tele a la hora de las noticias, te metes en cualquier red social, y no es novedad.
Golpes tenemos todos y no me senté a escribir ni cuando el 03 de Septiembre de este año falleció mi viejo. El dolor aún me inunda. No hay un día que no lo recuerde, ni una semana que no lo sueñe. Papá estaba mal, hacía rato, y si bien tenía la esperanza de poder abrazarlo más seguido post pandemia, me quedé con las ganas.
Pero hoy a las 10 am de la mañana me quedé helada. Blockeada, shockeada y congelada.
Recibo un mensaje de una ex compañera de guardias de la benemérita institución hospitalaria. Raro, solo me escribe para cumpleaños, o para las fiestas. Pensé que por ahí estaban organizando algo para vernos las pocas que nos soliamos juntar de las gloriosas guardias de la decada del 90, early 2000.
Entre teleconferencia y teleconferencia matutina el siguiente diálogo.
T: Hola Mariett
M: Hola T
T: Recién leí que XX puso que falleció Fulano de Tal. (nombre entero del Gordo, mi ex). Es el de tu pasado?
M: Si, se murió?
Y me freezé. Me contó unos pocos detalles de la publicación de Facebook, y googlé su nombre.
Y me quedé helada. Y sigo helada hace 7 horas y media.
De repente vi pasar delante de mi los últimos 22 años. Son muchos. Los cinco con el, los 3 para olvidarlo. Y cada una de las lecciones aprendidas.
En algún momento de odio le deseé una vida larga y miserable. Pero luego el tiempo pasa y las heridas cierran, no así las enseñanzas.
Como dijo mi hermana, fue tu peor verdugo y tu mejor maestro.
Si era bueno o malo, el Barba lo juzgará arriba. Fue pésimo para mi en su momento, pero un gran maestro, el que me enseñó a través de tocar fondo, rayando la locura, a ver mi peor faceta. Mi lado más negro. Y cuando se ve eso, cuando sabes cual es tu peor lado, y salís de eso, creces.
De alguna manera, de la peor manera, voy a tener que agradecerle que me haya mostrado, que aún sabiendo que puedo ser la peor persona; siempre elijo ser una buena mina.
Prendo una vela blanca en la memoria de los pocos buenos recuerdos y las muchas enseñanzas.