Mi lista de blogs

Mostrando entradas con la etiqueta On my Sunday Mood. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta On my Sunday Mood. Mostrar todas las entradas

domingo, 25 de marzo de 2012

On my Sunday Mood

Entre las cosas que tienen de maravillosas los domingos, a parte del descanso, es levantarme a las diez de la mañana, tomar el desayuno en la cama, mientras leo La Nación impresa. Es el único día que llega el diario a mi casa, el resto de los días, cuando lo leía, lo leía en formato digital.

Y digo "lo leía" porque leer el diario me angustia. Muy bien saben que no me gusta debatir de política en mi blog, pero uno vive inmerso en un país donde las cosas pasas y la gente se hace la boluda.
Yo opté por no leer los diarios, porque la indiferencia me mata, y a veces creo que cuanto más me entero y más indiferente veo a la gente, más me deprimo.
Una, no me vengan conque la culpa es de los medios, y que ellos son "el cuco".
Dos, viajo demasiado por el interior del país, y viajo demasiado al exterior, y muchas veces por trabajo, como para no darme cuenta donde estamos parados. No necesito leer los diarios para darme cuenta si son el cuco o no.

Pero como bien dije, no quiero que sea político, así que ojeé la primer sección, me deprimí lo suficiente, y opté por leer La Revista.

Por suerte cambié a La Revista y me encontré una grata sorpresa.
Un artículo que es un adelanto de un libro.
Hacía tiempo que no leía algo que me llenaba de placer al leerlo y que me diera ganas de seguir leyendo más.
Por suerte vivo justo al lado de una de las librerías MÁS LINDAS DEL MUNDO (así la catalogaron); y en un rato voy a bajar a darme una vuelta y ver si encuentro este libro.

Les dejo el link de La Revista, y les copio debajo, la primer entrevista de un libro que me está esperando.

Que tengan un excelente comienzo de semana!

http://www.lanacion.com.ar/1459132-la-dama-que-mato-por-amor-y-leyo-hasta-morir

La dama que mató por amor y leyó hasta morir

Las mujeres más solas del mundo

Jorge Fernández Diaz / Capital Intelectual

La infidelidad, la ceguera masculina, el narcisismo, la obsesión por el cuerpo perfecto, el fin del amor. La primera parte del nuevo libro de Jorge Fernández Díaz está dedicada a los personajes femeninos. Luego, el autor de Mamá y Corazones desatados acomete la crónica y los relatos verídicos con técnicas de novela. "Ahora, como Pérez-Reverte, soy parte de la legión de entusiastas de Fernández Díaz. Leí este libro entusiasmado, envidioso y perplejo: es un manifiesto que debe enseñarse en las escuelas y en las universidades, pero no sólo en las del periodismo sino en las de la vida". escribe Juan Cruz Ruiz, de El País de Madrid, prologuista de esta edición.

Entrevista con Noemí

Después de asesinar impulsivamente a su esposo con un cuchillo de cocina y de verse sorprendida por ese gesto exagerado, Noemí Gutiérrez se duchó, se quitó con una esponja la sangre ajena, se puso un pijama enorme y se sentó frente al cadáver a fumarse un cigarrillo negro. Ya era una flaca arrugada y aficionada a la nicotina: tenía la piel acerada y los dientes amarillentos, pero así y todo su cuerpo no dejaba de transmitir una cierta sensualidad latente y sus ojos azules eran muy bien cotizados en los barrios bajos de San Miguel de Tucumán.
Todavía le quedan algunos de esos encantos treinta y cinco años después en esta sala impersonal de la cárcel de mujeres donde la estoy entrevistando. Fue juzgada y condenada a reclusión perpetua en los tribunales tucumanos y cumplió los primeros años en una prisión de máxima seguridad de su provincia natal. Pero durante un motín mató a una presa que quería incendiar el pabellón y más tarde, en el curso de una feroz represión generalizada, hirió gravemente a un guardiacárcel. Rejuzgada por aquellos espantosos acontecimientos y ante el pedido unánime de tres camaristas fue trasladada a Neuquén Capital, donde no tenía ni tiene enemistades manifiestas dentro de la comunidad carcelaria. En los treinta y tres años siguientes me porté como una dama, me asegura con una sonrisa. Tiene una remera gris de mangas largas y de algodón rústico, un pantalón negro y deportivo, y unas zapatillas rotosas. Fuma Parisiennes. Uno tras otro. Los enciende con un cricket fucsia. No lleva aros ni anillos ni colgantes ni tatuajes a la vista. Su pelo es largo, crespo y blanco. Parece siempre encorvada sobre la mesa, como un árbol que el viento ha ido doblegando. Destacan sus ojeras, sus ojos relampagueantes y un volumen titulado Introducción a la zoología, libro gigantesco, viejo y sucio que duerme en un costado como un perro fiel, a la espera de que su ama lo despierte. Hoy hablaremos de libros pero también de la vida y sus misterios aunque no tocaremos mi tema favorito. No volvamos a mi distinguido esposo, ironiza de entrada. En el archivo del diario hay un sobre con recortes ajados: el marido se jactaba de sus aventuras sexuales. Noemí jamás le recriminaba esas transgresiones; se limitaba a llorar de noche y en silencio. Un día, en un segundo, pasó de la cortesía al homicidio. Ese segundo de fuerza salvaje y atávica fue la primera ficha del dominó de sus desgracias. Lo demás fue una lógica consecuencia de esa jugada inicial. El servicio me había autorizado a visitarla con la única condición de que la crónica no abundara en aquellos trágicos sucesos penitenciarios, puesto que en el expediente quedaron en evidencia las usuales mafias y aberraciones del sistema: entre bueyes no hay cornadas.
De manera que aquí estamos frente a frente, ella pitando y dando golpecitos en la madera con su agónico encendedor, y yo intentando escribir una historia de sábado sin poder preguntar por los crímenes que ha cometido. Fuera de aquellos dos episodios famosos a Noemí Gutiérrez no le pasó prácticamente nada durante estas tres décadas. En el penal tuvieron la precaución de confinarla fuera de los pabellones, en una celda aislada pero confortable que no comparte con nadie. Trabaja dos horas en la panadería y su introspección resulta legendaria: el prestigio de ser una asesina imprevisible la pone a salvo de cualquier abordaje. Se gana su jornal amasando y hace ejercicios a solas, en un rectángulo de sol del patio vacío, cuando la mayoría ya ha sido conducida a sus gallineros. A lo único que me dediqué en esta ponchada de años fue a leer y a fumar, me confiesa.
El prefecto me ha presentado, hace media hora, a la bibliotecaria, una gorda semianalfabeta que regentea una biblioteca de veinticinco mil volúmenes donados en distintas épocas por honestos ciudadanos de la Patagonia. Gente que heredó odiosas colecciones enteras o que se deshace de aquellos objetos inútiles y polvorientos que ocupan tanto espacio. La bibliotecaria es tan despectiva con los libros como lo fueron sus donantes. Guarda desde hace siglos un certificado médico que le impide, por razones cardiopáticas, realizar tareas estresantes en la zona de los barrotes, así es que le han dado a elegir entre la oficina y aquel húmedo depósito de textos que nadie quiere leer. Optó, obviamente, por la labor más liviana e inofensiva. En toda la cárcel de mujeres hay una sola lectora, el resto desdeña por completo esos aburridos artefactos de papel y cartón: no da mucha categoría en las ranchadas ser una rata de biblioteca.
Sin ceder a una amistad, la gorda trabó buena relación con la flaca, que con su voracidad de algún modo justifica aquel destino de burócrata minusválida. La Gutiérrez lee un promedio de un libro por día. Según su fichero ha leído más de doce mil títulos durante esta condena que no tiene fin: Noemí no hace el mínimo trámite excarcelatorio y hasta parece sabotear cualquier posibilidad legal de conmutación de pena. Su conducta es intachable -me acaba de decir el prefecto-. Primero no había juez que se atreviera a poner el gancho, pero ahora es Noemí la que tira para atrás. Es una presa institucionalizada. Tiene miedo a salir. La gorda me explicó que a Noemí le encanta espantar a los psiquiatras que de vez en cuando la evalúan, y también que jamás recibe visitas: no le quedan en la calle familia ni amigos. Es la mujer más sola del mundo. Una mujer dedicada con pasión al cigarrillo y a la lectura que ha renunciado al sexo, los besos, el vino, las flores, los manjares, los paisajes, los perfumes y los milagros de la vida simple. Una erudita, pensé mirando la lista de libros. Tengo insomnio y buena vista -me sorprende ella largando una bocanada de humo-. Hice solamente la primaria y nunca me había interesado por los libros hasta que encontré una Biblia en mi celda. Me sentí impactada, transportada hacia mundos y sensaciones increíbles al leerla. Dejé inmediatamente de creer en Dios cuando llegué a la última página.
Me pregunta si yo soy creyente. Agnóstico, le respondo. Asiente y me interroga: ¿Leíste Por qué no soy cristiano, de Bertrand Russell? Admito que no. Ella vuelve a asentir y se queda callada: no quiere humillarme ni lucirse, aunque tiene una brevísima mueca de desencanto. Estoy seguro de que le hubiera gustado discutir conmigo algunas de aquellas refutaciones. Me interesé mucho por divinidades y profetas, y luego a través de las religiones desemboqué en la historia antigua -sigue mientras se quita una hebra de tabaco de la lengua-. Leía novelas buenas y malas, ensayos, manuales, crónicas. Un asunto me llevaba a otro, y a otro más. La historia antigua me llevó a la moderna, y me sorprendí de cuántas contradicciones había, y cómo el relato dependía de quién escribía cada hecho y con qué intención. La historia parece literatura, ¿no? Me encojo de hombros. Alguna más que otra, agrega como adivinándome la respuesta.
Ahora la observo mejor; trato de imaginarme a aquella lectora impenitente descubriendo el gozo inaudito de esos cuentos verdaderos que los historiadores le narraban. Anoto en mi cuaderno de hojas cuadriculadas su metodología: dos veces por semana se pasa algunas horas en la biblioteca, revisando y separando el material. Acopia siempre un cargamento considerable, lo apila junto a la cama y permanece alrededor de él mañana, tarde y noche. Muchas veces la sorprende el amanecer. A lo largo del día, carga el libro en los brazos si es muy pesado, o simplemente lo lleva en alto y camina una y otra vez, como un tigre enjaulado, los tres metros de la celda de ida y de vuelta. De ida y de vuelta. Hace kilómetros de lectura caminada y se vuelve a acostar. Fuma y fuma, y toma mates. Se ríe, a veces llora, habla mucho en voz alta, en ocasiones grita. Nadie la molesta.
Así que al principio eras una lectora ingenua, le digo para retomar el fondo. Mentira o verdad -recita y tose-. Lo que sucedió y luego cómo lo narraron. La no historia. La historia como novela. Y después directamente la novela, los relatos cortos. Mi vida puede contarse de muchas formas. El expediente dice una cosa, pero yo puedo contarte una muy diferente. No lo dudo, y se lo digo. Y luego la literatura es historia menuda, ¿no? -me azuza: una chica de los barrios bajos de San Miguel de Tucumán, una reclusa abandonada a un rincón oscuro y húmedo del planeta, que de pronto se expresa como una profesora mundana de Oxford o de La Sorbona-. Dejé de creer acríticamente en Dios y en los relatores, y sentí un vacío. Un gran vacío y una gran curiosidad. Y un apetito por conocerlo todo. Lo único que Noemí Gutiérrez podía conocer del mundo era lo que otros habían escrito sobre él, pero a ella eso le bastaba: quería descubrir cada detalle, iluminar su ignorancia parte por parte, quizá sin comprender todavía que a más luz más conciencia de lo vasta que es la oscuridad. Conversamos sobre En busca del tiempo perdido: había leído el ciclo entero de Proust en una semana. Le mencioné La comedia humana. Se apena: Aquí solamente hay cuarenta novelas de Balzac. Tengo entendido que me faltan otras cuarenta y cinco.
Su educación tiene, como la de cualquiera, muchos huecos, y está llena de arbitrariedades y sorpresas. Pero es increíblemente sólida y por momentos apabullante. Me dedico un rato, por pura diversión, al juego de preguntas y respuestas, y ella va respondiendo y lanzando carcajadas ante mi asombro. Cuando le nombro un autor poco conocido o un libro ignoto, simplemente se barre el mentón y declara su derrota. Pero son derrotas menores, sin verdadera importancia. Me corta el juego con una duda: ¿Leíste a Freud? ¡Qué gran novelista! Estudió a Jung y a Lacan, y también varios tratados sobre psicología y psiquiatría. Muchas novelas parecen calcadas unas de las otras -añade, como si se estuviera yendo por las ramas-. Algunas novelas son únicas. Y luego unos ensayos impugnan a otros. Es muy interesante ver a personas inteligentes errar tanto, equivocarse fiero, tener visiones tan opuestas. Está a un paso de la filosofía, y lo da. Hace comentarios agudos sobre los diálogos de Platón y sobre Kant, Descartes, Heidegger, Nietzsche y las verdades relativas: Al principio me parecía que todos tenían razón -se ríe y prende otro cigarrillo-. Y después pensaba que nadie la tenía. Hubo días enteros en que no entendía nada de lo que leía. Y días en que me parecía, por un momento, que comprendía la lógica del cosmos. Te juro. Yo tenía palabras propias, ya no utilizaba lugares comunes. Pero lo que no tenía era con quién usarlas.
Me da la impresión de que le agarra un poco de frío. Se frota las mangas largas de la remera gris sin soltar el Parisienne. Miro sus manos. Le pregunto si alguna vez intentó enseñarle el arte de leer a alguna compañera. Si no sintió nunca la tentación de convertir a una mujer elemental en una mujer culta con quien compartir lecturas. Responde que no. Que a nadie, que nunca. Y cambia de rumbo: regresa a la ética, a la metafísica, también a la política y a la ciencia. A la medicina y a la astronomía. De repente vuelve al comienzo, me clava la vista: No quise perder el tiempo enseñando nada, no quise tener una discípula ni una compañera de celda, no quise volver a enamorarme. Fui egoísta. Quise todos los libros para mí sola, viajar por todas esas galaxias sin que nadie pudiera joderme con sus celos y sus problemas. Vivir en esos planos paralelos, encarnar esos personajes.
Se abre entre nosotros un silencio hondo. Ahora soy yo quien le adivina el pensamiento: no quiere que le tenga lástima. No me lo dice, pero no hace falta. Está pensando que agradece al destino aquel primer segundo fatal, aquella cuchillada que le permitió este aislamiento maravilloso. Es verdad que me encantaría discutir un rato sobre las nuevas teorías de la evolución con un biólogo, o sobre los mecanismos del poder con un buen lector de Foucault -afirma aplastando el pucho-. Pero, mirá, yo sé que fumo demasiado y que es muy probable que me muera de cáncer de laringe o de pulmón. Conozco las estadísticas y sé que no tengo un minuto que perder en boludeces. Voy a seguir unos meses con esto y después me voy a dedicar a releer. Necesito diez años para releer algunos textos fundamentales. Me muestra las dos manos abiertas: diez años nada más. Eso pide. Eso y la soledad. Después se pone a jugar mecánicamente con un mechón blanco mientras sus ojos azules se pierden en esa nueva tarea titánica que para ella es un estado de gracia, una beatitud por la que le entregaría su alma al diablo.
Observo con cuidado sus zapatillas menesterosas y no me resigno a pensar que ha perdido toda su coquetería; ya he dicho que transmite en sus gestos mínimos un erotismo extraño. Parpadeo con la lapicera a pocos centímetros del papel tratando de definir esa coquería con un adjetivo. Escribo "innata", escribo "despreocupada", vuelvo a escribir "latente". Y tacho las tres palabras con desánimo. ¿Te gustan las enciclopedias?, me interrumpe. Alguna vez me gustaron, pero ahora solo cumplen un rol utilitario, le respondo. Niega y prende un nuevo cigarrillo. Son mucho más que eso -agrega, y lanza una voluta larga y retorcida contra la pared. Se peina el pelo para dejar una oreja limpia al aire libre. Tiene orejas pequeñas y rosadas-. Recién al final abandoné la idea de entender, pero no abandoné nunca la posibilidad de jugar. ¿Y te interesan las biografías? Menciono mis predilectas: hay varios escritores y directores de cine entre ellas. También están Napoleón, Marx, Perón y Osama Bin Laden. Noemí me habla un largo rato sobre los grandes hombres y sus defectos más íntimos, y cómo se los ve patalear en la decadencia sin lograr detener el curso de los acontecimientos. Es un salpicado de anécdotas agudas y graciosas, pero una y otra vez van hacia el tema de la muerte. ¿No somos ni una pequeña anécdota? -ahora me toca a mí interrumpirla. Pienso en este instante: a lo mejor no se pueda aprehender el sentido verdadero desde el campo de batalla, con los fervores de la existencia diaria tan encima. Tal vez Noemí es como el remoto preso de Borges y Bioy, que descifraba los enigmas únicamente desde una celda solitaria, como un ejercicio intelectual abstracto. Monjes de todas las eras que se retiran a meditar sobre los grandes significados y los pequeños significantes. Quizá solo se pueda ser sabio y feliz desde afuera del mundo. A lo mejor Noemí tiene la felicidad perfecta. Me da escalofríos esa posibilidad-. ¿Entonces nada tiene sentido?
Se ríe con franqueza; sé que podría responderme con citas, pero elige una vez más sus propias palabras: Todo tiene sentido, pero yo me apagaré y nada importará. Efectivamente. No somos ni una anécdota. ¿Para qué preocuparse tanto? Mamíferos efímeros en un pedazo de piedra perdida en la inmensidad. ¿Qué importancia moral puede tener matar a dos personas o agonizar sin testigos? Mi marido, sus amantes, la presa, el puto guardiacárcel, la gorda de la biblioteca y yo misma somos soldados desconocidos de los Tercios de Flandes. Cinco o seis nombres en una multitud. Carne de cañón de las terceras y cuartas líneas que caemos muertos de inmediato, sin pena ni gloria, en el amanecer de la batalla de Rocroi. Bum, chang, ah, y se acabó todo, amigos. La naturaleza nos pasó por arriba y nos aplastó como insectos. A lo sumo hay insectos célebres con los que hacer biografías. Pero nada más. No jodamos. Sé que todo lo que manifiesta ya fue muchas veces cavilado. Sé que ha quedado por escrito y que ha sido desmentido por laicos y religiosos, pero suena raramente nuevo en esas paredes y con esos ecos. De pronto se abre la puerta única y aparece el tosco prefecto con modales de embajador. Lamentablemente, se terminó el horario y viene el cambio de guardia. Hay que terminar la entrevista. Nos da diez minutos para ir redondeando, pero Noemí declara unilateralmente que ya hemos terminado. Nos levantamos, guardo en la mochila mi cuaderno y ella recoge su manual de zoología. ¿Me puede acompañar?, le pregunta al prefecto. Por supuesto, Noemí. Nos deja caminar solos por patios y corredores, seguidos de cerca por un empleado de uniforme percudido y remendado. Ella me toma inesperadamente del brazo: medimos más o menos lo mismo, caminamos como una pareja de novios por una tarde de jardines. Pero la cárcel no huele a jardín; hiede como un depósito de reses viejas. Una reclusa grita una broma injuriosa en un castellano precario desde una ventana con rejas. Estoy incómodo, se me ocurre salir de ese insulto con una pregunta rápida. Y lo hago con lo primero que se me viene a la mente. ¿Qué pasaría si compulsivamente el Estado decidiera devolverte a las calles? Prende el último cigarrillo negro antes del confinamiento. Sus ojos vagan por el cielo rojizo. Baja de repente la barbilla y me responde: Haría cualquier cosa para evitarlo. Cualquier cosa. El corazón se me acelera. Llevo siempre en el bolsillo una púa -susurra en mi oído como si fuera una broma o una propuesta indecente-. No es técnicamente una faca, es una pequeña púa. Pero muy filosa. Esta tarde te hubiera cortado la garganta con ella. No puedo verme pero sé que estoy pálido. Noemí lanza una carcajada perruna y baja. Tose, se aclara la voz: Es un chiste. Boletearse un periodista me sacaría de este penal y me alejaría de esa biblioteca. Nada más que un chiste. Estamos llegando al límite final, un retén no permite pasar más allá ni entrar en la zona de las jaulas. Nos soltamos para despedirnos de frente. Veo por última vez el fondo de sus ojos azules, las ojeras, la piel acerada. Nos abrazamos con afecto. La sostengo por los antebrazos un segundo más. Pero si te garantizaran que zafás, si te aseguraran que no perderías ningún privilegio, ¿realmente lo harías?, le pregunto. Cuando sonríe al fresco del inminente atardecer le veo mejor las manchas amarillas de sus dientes bellos. Sin la menor duda -me dice-. Tengo que releer muchos libros todavía. Le pregunto si puedo publicar esa confesión. Tenés que hacerlo, me contesta. Es inteligente: esa sola línea, ubicada en una crónica, la retiene hasta el fin de los tiempos en esta cárcel. Pero sé que no me miente. Sé que de verdad me acariciaría la cara y me pegaría un tajo. Y que luego me sostendría la cabeza contra su pecho, como si fuera su hijo querido, y me apuñalaría el torso y el vientre. Lo haría varias veces, de manera rápida y muda. Me dejaría sentado en la silla, prendería un Parisienne con su cricket fucsia y se lo fumaría contemplando ese sanguinolento pedazo de nada que se perdería para siempre en la nada.


El autor
Escritor y periodista, Jorge Fernández Díaz es Secretario de Redacción de La Nacion. Entre otros libros, publicó la novela El dilema de los próceres, Corazones desatados, Mamá (crónica novelada de su madre inmigrante), Fernández (narra las desventuras de su generación), La logia de Cádiz, La segunda vida de las flores, La Hermandad del Honor y Alguien quiere ver muerto a Emilio Malbrán..

domingo, 12 de febrero de 2012

On my Sunday mood

Una de mis voces preferidas...

Como estudiante de canto y cantante profesional frustrada, envidié la capacidad de esta mujer de hacer con su voz lo que quería.

Escucharla me pone la piel de gallina.

Y esta canción, que se las canté una y otra vez a mis sobrinos mientras los acunaba. Una de las mejores letras que se le puede cantar a una criatura...

On my Sunday mood...


I believe the children are our are future
Teach them well and let them lead the way
Show them all the beauty they possess inside
Give them a sense of pride to make it easier
Let the children's laughter remind us how we used to be
Everybody searching for a hero
People need someone to look up to
I never found anyone to fulfill my needs
A lonely place to be
So I learned to depend on me

[Chorus:]
I decided long ago, never to walk in anyone's shadows
If I fail, if I succeed
At least I live as I believe
No matter what they take from me
They can't take away my dignity
Because the greatest love of all
Is happening to me
I found the greatest love of all
Inside of me
The greatest love of all
Is easy to achieve
Learning to love yourself
It is the greatest love of all

I believe the children are our future
Teach them well and let them lead the way
Show them all the beauty they possess inside
Give them a sense of pride to make it easier
Let the children's laughter remind us how we used to be

[Chorus]

And if by chance, that special place
That you've been dreaming of
Leads you to a lonely place
Find your strength in love

domingo, 22 de enero de 2012

On my Sunday mood...

Ya lo decía yo en este post; ser mujer no es fácil.

Depleción hormonal absoluta en domingo. Precedida de alteración importante de mi nivel de estrógenos, progesterona, LH y FSH el día jueves, lo que detonó un terrible cambio de humor.



Suele pasarme..., si hay algo que me molesta, pero se que me molesta a mí pero no "debería molestarme"; en estas bajas hormonales siento que me molesta el doble.

Y llegamos al viernes y sábado. Cualquier mail con gatitos, perritos u ositos y frases lindas me hace llorar a mares.
De libro!!! Y luego de esto toda la sintomatología física.

Podemos tener la gran suerte de vivir solas y autorecluirnos. O podemos tener la gran suerte de tener un tipo al lado que nos abrace y nos contenga y nos entienda. Que sepa que nos salta la térmica cuando las hormonas se pegan el bajón.
O podemos tener la suerte de vivir solas y tener la suerte de que un tipo quiera venir a darnos ese abrazo que necesitamos, porque nuestras hormonas nos hacen llorar a cada rato.

A todos aquellos hombres que (a pesar de hincharse las pelotas) hacen el esfuerzo por acercarse y contenernos (aunque no nos entiendan) les dedico este tema...

Así estoy hoy...on my Sunday mood.

(I' m really sorry...)



My love she throws me like a rubber ball
Oh oh oh, the sweetest thing
She won't catch me or break my fall
Oh oh oh, the sweetest thing
Baby’s got blue skies up ahead
But in this I'm a rain cloud
You know she wants a dry kind of love
Oh oh oh, the sweetest thing


I'm losing you
I'm losing you
Ain't love the sweetest thing


I wanted to run but she made me crawl
Oh oh oh, the sweetest thing
Eternal fire, she turned me to straw
Oh oh, the sweetest thing
I know I got black eyes
But they burn so brightly for her
This is a blind kind of love
Oh oh oh, the sweetest thing


I'm losing you
Whoa haaa, I'm losing you
Ain't love the sweetest thing

Ain’t love the sweetest thing (background)
Ain’t love the sweetest thing (background)
Ain’t love the sweetest thing (Bono)
________________

Ahhhh haaa haaaa
Ahhhh haaa haaaa

Blue-eyed boy meets a brown-eyed girl
Oh oh oh, the sweetest thing
You can sew it up but you still see the tear
Oh oh oh, the sweetest thing
Baby's got blue skies up ahead
But in this I'm a rain cloud
Ours is a stormy kind of love
Oh oh oh, the sweetest thing

Do do do do , do do do do(rest of group)
Do do do do , do do do do(rest of group)
Do do do do , do do do do(rest of group)
Do do do do , do do do do(rest of group)
Do do do do , do do do do(rest of group)
The Sweetest Thing (Bono)
Do do do do , do do do do(rest of group)

Ooh Ooh The Sweetest Thing (Bono)

domingo, 15 de enero de 2012

On my mood

I ain't happy but, I'm feeling glad
I got sunshine, in a bag
I'm useless, but not for long
The future is coming on




I am happy, I'm feeling glad
I got sunshine, in a bag
I'm useless, but not for long
The future is coming on
Is coming on
Is coming on
Is coming on

Yeah, ha ha!
Finally someone let me out of my cage
Now, time for me is nothing 'cause I'm counting no age
Now I couldn't be there
Now you shouldn't be scared
I'm good at repairs
And I'm under each snare

Intangible
Bet you didn't think so I command you to
Panoramic view
Look I'll make it all manageable
Pick and choose
Sit and lose
All you different crews

Chicks and dudes
Who you think is really kickin' tunes?
***** are you gettin' down in the picture tube
Like you lit the fuse
You think it's fictional
Mystical? Maybe
Spiritual
Hearable
What appears in you is a clearer view 'cause you're too crazy
Lifeless
To know the definition for what life is
Priceless
For you because I put you on the hype ****
You like it?
Gunsmokin' righteous with one toke
Psychic among those
Possess you with one go

I am happy, I'm feeling glad
I got sunshine, in a bag
I'm useless,but not for long
The future is coming on
I am happy, I'm feeling glad
I got sunshine, in a bag
I'm useless, but not for long
The future is coming on
Is coming on
Is coming on
Is coming on

The essence the basics
Without it you make it
Allow me to make this
Childlike in nature
Rhythm
You have it or you don't that's a fallacy
I'm in them
Every sprouting tree
Every child apiece
Every cloud you see
You see with your eyes
I see destruction and demise
Corruption in disguise
From this ****in' enterprise
Now I'm sucking to your lies
Through Russ, though not his muscles but the percussion he provides
With me as a guide
But y'all can see me now 'cause you don't see with your eye
You perceive with your mind
That's the inner
So I'mma stick around with Russ and be a mentor
With a few rhymes so mother ****ers
Remember where the thought is
I brought all this
So you can survive when law is lawless
Feelings, sensations that you thought were dead
No squealing, remember
(That it's all in your head)

I am happy, I'm feeling glad
I got sunshine, in a bag
I'm useless, but not for long
The future is coming on
I am happy, I'm feeling glad
I got sunshine, in a bag
I'm useless, but not for long

My future is coming on
Is coming on
Is coming on
Is coming on
Is coming on
My future is coming on
Is coming on
Is coming on
Is coming on
Is coming on
My future is coming on
Is coming on
Is coming on
Is coming on
Is coming on
My future is coming on
Is coming on
Is coming on
My future is coming on
Is coming on
Is coming on
My future is coming on
Is coming on
Is coming on
My future

domingo, 13 de marzo de 2011

Domingo fresco

Empezó el otoño? Esta entrada iba a ser un mail nunca enviado a Melman, con toda la nostalgia de las mañanas de domingos frías que pasabamos juntos en casa. Esos mails que nunca se mandan pero que necesitás escribir. Estoy en la cama, post desayuno, gata metida entre mis frazadas haciendo "cucha", solo me faltó buscar el diario en la puerta para que fuera el domingo perfecto como los que pasaba con el. Pero el no está. Cuando voy a buscar mis lentes en la mesa de luz el i pod dice "Chuck te ha enviado un mensaje por Facebook". A veces me pasa eso, cada vez que voy a hacer o escribir algo relacionado a Melman, aparece Chuck. El mensaje de Chuck decía que iba a desaparecer un tiempo porque acababa de fallecer su mamá y que no tenía ganas de responder mensajes. Yo hacía días que no le estaba escribiendo, por ahí le mandaba alguna que otra boludez. Le mandé un mensaje de fuerza.
Y después me quedé pensando en que desagradecida que soy. Mi historia con Melman fue hermosa. Realmente hermosa, sacando el final. Era una historia para que no termine y por eso es que me siento medio en pelotas. Pero el resto de mi vida está bien. Mis padres estan bien. Mis hermanas y sobrinos (dentro de lo que se esperaba) están todos bien. Tengo un montón de amigos maravillosos. Tengo un buen  laburo que me gusta y me siento cómoda. Tengo mi casa, me acabo de comprar un auto.
Tengo buena salud.
Porque extraño a alguien que decidió irse? A alguien desagradecido, que tomó toda mi ayuda, recompuso su vida y desapareció? A quien extraño?  Al que se fue? O al que yo pienso que se fue?
El que yo pienso que se fue me parece que no existe, y el que se fue no vale ni una puta lágrima, ni un puto segundo de tristeza. Entonces pienso que más vale quedarme sin pareja (iba a poner "sola"; pero mi analista diría que "sola" no estoy, que tengo alrededor un montón de gente que me quiere y mucho); y deseando y esperando que aparezca alguien a quien yo ame igual que al supuesto Melman, y que el me ame de verdad a mi. Que tengamos una historia igual de linda e igual de buena, pero sustentada en sentimientos de verdad.
Este post que iba a ser un lamento nostálgico resultó en una reivindicación de todo lo positivo que tengo en mi vida. Y gracias a la desgracia de otro, que te muestra en un momento de dolor, lo rico que sos vos.
Gracias Chuck por avisarme y explicarme tu silencio y soledad. Gracias por que de casualidad hoy me mostraste sin querer que estoy pasando por un muy buen momento de mi vida. A pesar de que haya gente que nos haya usado y dejado. Que ellos se las vean con su conciencia.
Yo por lo pronto me voy a encontrar con Fer para hacer "cine de domingo", iré a tomar un cafe para hacer "cine debate" y pasaré la noche en familia con padres y tias, hablando de bueyes perdidos.
Que más puedo pedir????

lunes, 24 de enero de 2011

ALTO!! hoy es domingo

Si!!!! no solo yo, toda la gente tiene un tema con los domingos!! Yo los amo, me encantan!! Y en México aún más.
Tengo que reconocer que tengo sentimientos encontrados con México en general. Como con el supermercado. Una relación amor/odio.
Solo vine dos veces a este país por trabajo. Y las dos veces que me lo comunicaron en la oficina que me tenía que venir me puse de los pelos. Por una sola cosa, siempre vengo a laburar y nunca a divertirme o a pasarla bien. Ni siquiera vengo a laburar. Vengo a arreglar los quilombos que armaron otros. Estresante. Entonces me pongo de los pelos.
Pero después llego acá y me enamoro. Me enamoro de la magia mexicana.
Hay millones de razones por las que amo México, entre ellas están:
-me gusta el acento
-son super amables
-no se estresan nunca (esto es ambivalente, a veces me saca)
-son super educados
-todos me ven linda
-todos me dicen señorita en vez de señora
-la comida, una vez que aprendés a dosificar el picante, es buenísima
-soy adicta a los margaritas
-tienen buenas cervezas
-tienen buenas playas (aunque no las conozco)
-tienen lugares históricos antiquísimos que son hermosos
-y por sobre todas las cosas RESPETAN LOS DOMINGOS

Es mi tercer domingo que paso en este país. El primero y el segundo fueron en el viaje previo. El primero lo pasé recorriendo el DF a horas de llegar. El taxista que contraté me lleva a Coyoacan, el barrio de los artistas, el barrio bohemio. Describirlo es raro, es bastante extenso, con casas coloniales pintadas de colores estridentes, recuerda una mezcla de San Telmo, Palermo Soho, Bellavista en Santiago de Chile, y algun otro pueblito pintoresco de los que me estoy olvidando. La plaza con la catedral, los comedores y mezcalerias con sus balcones a la calle y sus mesas afuera, la fuente de Romulo y Remo, las flores, los jacarandas y palos borrachos florecidos (fui en primavera). Me maravilla de Mexico el cuidado del espacio verde a pesar de su clima. Y la gente sentada en los bancos de plaza viendo el domingo pasar mientras los organilleros tocan los organillos. Increible. Podria morir dejando pasar el tiempo un domingo en esa plaza. Mi segundo domingo transcurrió en Taxco de Alarcón. Un pueblo al que soñé ir desde que tenía 12 años. Y cumplí mi sueño a los 40. Taxco es un paraíso. Pero los domingos se pasan igual..., en la plaza, frente a la catedral de Santa Prisca, viendo el tiempo pasar.
Hoy lo mismo..., plaza principal de Aguascalientes, atardecer, gente viendo la fuente, chicos jugando, grandes conversando, comiendo comida comprada en los carritos de la plaza, me senté en un barcito frente a la plaza a tomarme una cerveza y a estar. A dejar pasar el domingo, viendo como ese sol naranja bajaba entre las casas en un cielo muy pero muy azul. Clima casi desértico.
Plaza llena de verde.
Estos son los momentos en los que amo México. Amo los domingos en México.
Alto!!! no te pierdas de sentarte en este banco y ver como va poniendose el sol en una plaza mexicana un domingo.
Drisfutalo!!!

domingo, 16 de enero de 2011

domingo

como Feliz Domingo..., que vieja que soy!!! Se llovió todo y yo sigo en la cama escribiendo, no puedo parar hace días.
La gente odia los domingos, porque se deprime. Yo no, diez años haciendo guardias los domingos, hacen que para mi el domingo al pedo sea un placer.
Hoy me desperté, busqué el diario en la puerta, me traje la laptop y el desayuno a la cama y cuando me puse mis lentes para la presbicia para leer el horóscopo de la revista del domingo me invadió la nostalgia. Cuantos domingos compartidos en esta cama leyendo el diario y tomando el desayuno...con Cerdo. Le decimos Cerdo para no poner su nombre, como a todos los personajes de este blog. Pero Cerdo existe. Ahora está en Punta del Este y yo le estoy deseando que le llueva toda la semana de vacaciones. Y el si me leyera diría "Perrra". Sí, pero lamentablemente no fui lo suficientemente perra con el. Demasiado buena.
Nada, me acordé de la bandeja con su te, mi café y las tostadas. El diario, la compu, la tele prendida y nosotros enroscados hasta que nos den ganas de levantarnos.
Cuanto tiempo dura la nostalgia? Todavía no me veo haciendo lo mismo con otro. Es como que la piel de Cerdo se fusionaba con la mía.
Los demás tipos me parecen extraños...aunque me gusten y me halaguen.
Tengo que escribir más...les debo unos cuantos capítulos del Dr. N y a mi lectora número 1 el capítulo del Sr P.
Y supongo que mientras tanto, mientras escribo, trabajo, voy a solucionar quilombos a México y demás, Cerdo se va a ir diluyendo de mi mente hasta solo quedar un vago recuerdo, como todos los demás...